Araceli López Pinar, Head of Utilities and Infrastructure en Boehringer Ingelheim España

La electrificación de la climatización se está consolidando como una de las vías más eficaces para reducir emisiones directas en la industria. En este caso, la sustitución del gas natural por bombas de calor de alta eficiencia ha permitido transformar el modelo energético de una planta industrial, mejorando tanto su rendimiento como su competitividad.

¿En qué ha consistido la actuación o proyectos implantados?

En Boehringer Ingelheim apostamos firmemente por la sostenibilidad como un eje estratégico de nuestras operaciones. 

Desde 2014, toda la electricidad consumida en nuestro site es de origen 100% renovable. En consecuencia, el principal reto de descarbonización de nuestras operaciones se centra en las emisiones directas (Scope 1), vinculadas fundamentalmente al consumo de gas natural.

Para abordar este reto, hemos realizado un análisis detallado de los consumos energéticos de nuestras plantas de producción, poniendo de manifiesto que una parte muy relevante del gas natural consumido —cerca del 50%— se destinaba a la generación de agua caliente para los sistemas de climatización. 

A partir de este diagnóstico, se ha avanzado hacia una solución tecnológica basada en la implementación de bombas de calor de alta eficiencia para la generación de agua caliente para los equipos de climatización.

Mediante la instalación de equipos tanto de tecnología agua-agua como aire-agua, se ha eliminado casi por completo el consumo de gas natural asociado a la climatización, contribuyendo de manera directa a la reducción de las emisiones de Scope 1 y al avance hacia los objetivos corporativos de descarbonización.

¿Qué resultados concretos ha generado en términos de reducción de emisiones, eficiencia energética o competitividad?

La implantación de bombas de calor de alta eficiencia ha supuesto una gran mejora en términos de eficiencia energética y reducción de emisiones. Se ha pasado de un sistema de producción de agua caliente para climatización basado en intercambiadores de calor alimentados con vapor, con una eficiencia aproximada del 82%, a un sistema basado en bombas de calor con una eficiencia cercana al 99%.

Además, las bombas de calor agua-agua aportan un beneficio adicional, ya que no solo generan agua caliente de forma muy eficiente, sino que producen simultáneamente frío, el cual se aprovecha en el circuito de agua de refrigeración, aumentando aún más la eficiencia global del sistema.

Como resultado, el ahorro energético anual en términos de consumo de gas natural se sitúa en torno a 3,5GWh, lo que supone evitar la emisión de aproximadamente 1.000 toneladas de CO₂ al año. Desde el punto de vista económico, estos ahorros energéticos se traducen en una reducción de costes estimada en unos 200k€ anuales, contribuyendo directamente a mejorar la competitividad y la sostenibilidad económica de la planta.

¿Qué aprendizajes o mensaje compartiría con otras empresas industriales que estén abordando la descarbonización?

Uno de los principales aprendizajes es la importancia de seleccionar correctamente la solución tecnológica en función de las necesidades reales del proceso. En el caso de las bombas de calor, resulta clave escoger el tipo de equipo que mejor se adapte a las temperaturas de agua requeridas, ya que este aspecto condiciona directamente la eficiencia, la fiabilidad y el retorno de la inversión.

Asimismo, es fundamental disponer de históricos de consumos energéticos reales y detallados. Contar con datos fiables permite identificar correctamente los principales focos de consumo, dimensionar adecuadamente las soluciones y evaluar con precisión el impacto de las medidas de descarbonización, evitando sobredimensionamientos o hipótesis poco realistas.

Otro aspecto relevante es apostar por sistemas parcializables, capaces de operar de forma flexible en función de la demanda y de las condiciones climatológicas externas. Este enfoque permite adaptar el número de equipos en funcionamiento en cada momento, mejorando el rendimiento energético anual y optimizando la operación.

Por último, para que una solución sea verdaderamente sostenible, también es esencial seleccionar un agente refrigerante con bajo impacto ambiental. En nuestro caso, hemos optado por propano, un refrigerante natural con muy bajo potencial de calentamiento global (GWP) y excelentes propiedades termodinámicas, que contribuye a maximizar la eficiencia del sistema y a minimizar su impacto climático.

En conjunto, esta experiencia demuestra que la descarbonización industrial requiere una combinación de análisis riguroso basado en datos, selección tecnológica adecuada y una visión a medio y largo plazo, alineando sostenibilidad ambiental, eficiencia operativa y viabilidad económica.